Éxitos FM 99.9 FM Caracas

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lugar había sido ocupado. Pero si no hay nada entre la señorita Damby y yo. ¡Nada, lo juro! Dicen que estuvo de juerga toda la noche. ¡Sufro, Elena! Tengo el veneno en las velas Radio . ¡Ah! ¿Qué tiene? ¡Estoy celoso! Eso es lo que tengo. Estoy celoso. ¿Celoso usted? Sí, sí, celoso hasta morir, hasta llorar. ¿Y de quién está celoso? Lo sabe muy bien. Los hombres que me hacen la corte son más de uno. Los demás no cuentan. Lo vi anoche, cómo se le arrimaba. ¡Lo vi! ¡Oh! No se referirá al príncipe de Gales Radio ¡Sí, sí, el príncipe de Gales? ¿Por qué estaba en su palco? Me invitó, no es la primera vez. Debe rechazarlo. No puedo. Sí que puede. ¿Ha hablado con él? Por supuesto. ¿De qué ha hablado, Elena? No sabría Radio De nada. Eso es, lo sabía. Está bien, entonces de todo. Todo o nada es lo mismo. Las bocas hablan pero no dicen nada, los ojos lo dicen todo sin hablar. La habrá mirado, imagino. Era inevitable. ¡La ama! Vamos, Kean, el príncipe de Gales ni siquiera se da cuenta de que existo. El príncipe de Gales me pidió ayer que renunciara a usted. Ah Radio La noticia le encanta, claro. ¿Está loco? Sólo que no comprendo como ha adivinado el príncipe de Gales Radio ¿Sí? que yo le quiero. Si la vuelvo a ver a su lado, enloquezco. Oh, mi Otelo Radio ¡Elena! ¡Elena! Pero no puedo quedarme sola sola a mirarle como aprieta entre sus brazos a esa muchachita. ¿Qué muchachita, Elena? ¿Cuál? ¡Actúe con ella esta noche y no volverá a verme jamás! Elena, interpretamos “Otelo” Lo único que hago es estrangularla. ¡Si le cae mal, la divertirá! Nada de bromas. Esa muchacha no debe actuar. No quiero. Está bien, lo prometo. Pero no quiero que vaya al palco del príncipe. ¡Oh, Elena! ¡Divina mía! ¿Permiso? ¡Un momento! ¿Volverá después de la función? Sí, deme el chal. No, después de la función. Quiero tu promesa. ¡Adiós! ¡Adelante! ¡Maestro! Ya han dado el segundo aviso. Entonces, ¿lo hacemos con la barba? No, nada de barba esta noche. Salomón, ven aquí y escúchame. Manda a comprar un ramo de flores. Te lo advierto, las flores más bellas del mundo. ¿Me has entendido? Ya que estamos, compra uno también para la MacLeish. Pequeño, de poco importe. La MacLeish no está, lo sabe. Actuará con la pequeña Damby. No, con ella, lo sabes muy bien, no actuaré. ¡Y si al principio era no, ahora es no, no y no! Lo prometo. ¿Entendido? Pero la MacLeish no está. A esta hora no puedo encontrar a nadie. Actuará con la Damby. No, actuarás tú mismo. Prepárate. ¿Yo, Desdémona? ¿Qué mal podría haber? Ninguno. En tiempos de Shakespeare, a menudo los jovencitos hacían papeles de mujer y todo fue muy bien. En primer lugar, han pasado años, segundo, ya no soy un jovencito. Escucha Radio ¡Deja ya ese pendiente! Escucha, la gente, hasta que se demuestre lo contrario, viene al teatro a oírme a mí, sólo a mí. Y ya Radio ¡Fuera! ¿Está claro? Creo haber hecho por usted más de lo que una madre puede hacer por un hijo, pero no podrá arrastrarme a la vileza. ¿No? No. Entonces esta noche no actúo. Avísale a Cochrane. Ah, no. ¿Ni siquiera eso? No. Paciencia, lo haré yo. ¡Cochrane! ¡Cochrane! ¡Levanta el primer telón! ¡Baja el telón! ¡Señor Kean! ¿Has entendido? ¿Que baje el telón? ¡He dicho abajo! Señor Cochrane, ¿qué hago? ¿Qué le pasa? Esta noche no actúo. ¡El público ya está en el teatro! ¡No me importa! Échelo fuera. Como quiera, la recaudación no es mía. ¡Bien! Me alegro de librar al teatro de sus amigos pobretones. Bien. ¡Maestro! Venga aquí. ¿Qué pasa? Venga aquí. Mire, están todos. El viejo Bob, Peter, Easton, todos. Estamos aquí. ¡Gracias! ¡Gracias! ¡La peluca! ¡Deprisa! ¡Tú espera! ¡Adelante! ¡No me acuerdo de nada! Me gustaría repasarlo otra vez. Ven conmigo. Escucha, pequeña: mírame, mírame siempre. ¡La capa! ¡Pequeña! ¿Tienes miedo? No. No debes tener miedo. Mírame siempre. Si te equivocas Radio . ¡Aquí! ¿Dónde está el derecho de esta peluca? Si te equivocas, te corto el párrafo, ¿de acuerdo? Si no te acuerdas Radio . ¡Mira cómo han peinado esta peluca! Si no te acuerdas, dime: “Te amo”. En los dramas de amor siempre va bien. ¡El pendiente, deprisa! La voz,, sólo la voz. El resto es cosa mía. Ve a prepararte. ¡Déjame! Es su turno, Brabancio. Perdonadme, Excelencia. ¡Ánimo, viejo patán! Vete a cargar a tu Shakespeare. Quienquiera que, con medios tan infames, haya secuestrado a vuestra hija, será juzgado según el libro de las leyes. Esto Radio ¿Qué puede responder, Otelo? Señores muy sabios y poderosos, mis venerables, nobles y estimados superiores, es verdad que me llevé a la hija de este anciano, pero también es verdad que ya es mi esposa. Tal es la envergadura de mi culpa. Nada más. Mi lenguaje es tosco, no conozco las palabras suaves de paz porque desde la edad de nueve años mis brazos prestaron sus mayores servicios en el campo de batalla. Poco, por lo tanto, Radio podría beneficiar a mi causa si yo mismo la defendiese. Sin embargo, con vuestra venia, haré un relato claro y simple de mi amor. Su padre me demostraba mucho cariño invitándome a menudo a su casa y siempre quería conocer de mí el relato de mis empresas, las batallas sostenidas, los asedios resistidos, las victorias traídas. Y yo se los conté Radio ¿No cree que ha sido un malentendido? ¿Tal vez la condesa Elena esperaba que pasara a buscarla? Podemos mandar a alguien. No, es que es mi esposa es la mujer menos puntual del mundo. Le pido disculpas en su nombre. Radio de mi vida de nómada. Y le hablé de anchas grutas y de áridos desiertos, de los caníbales que se comen entre sí, los antropófagos y los hombres que nacen con la cabeza debajo de los hombros. Desdémona escuchaba atentamente mi historia cuando podía, porque los quehaceres de la casa la tenían muy ocupada. Pero, a menudo, los cumplía presurosa para volver a escucharme con avidez y muchas veces la vi llorar con las desventuras que había sufrido en mi juventud. La historia de mis sufrimientos terminó con un mundo de suspiros por su parte. Juró que mi historia era maravillosa,, verdaderamente maravillosa, que era conmovedora, muy conmovedora. Como ve, es un malentendido. La condesa no sabe que son mis invitados. Perdone, Alteza. Radio si hubiese algún amigo mío que la amase y le hubiese enseñado



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